La Iglesia de Ajalvir (II)

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Pedro de la Sota, maestro mayor de hacer campanas

En 1645 el tejado de la iglesia de Ajalvir debió de ser rehecho debido al hundimiento de la campana de la torre. El hundimiento de la campana sobre el tejado fue debido a un uso incorrecto de la misma por parte del sacristán, Juan Fernández de Aguado, a quien ni el mayordomo ni el sacerdote le habían otorgado licencia para repicarla. El sacristán tuvo que pagar 50 ducados de multa en madera y otros materiales, además del sueldo de los maestros y oficiales, para la reparación del tejado y del propio campanario.

6 años antes, en 1639, y recien reparada la torre de la Iglesia de Ajalvir, se habían fundido dos campanas para que repicaran en ella. Pedro de la Sota fue el maestro campanero encargado de fundirlas.

Por aquellos años, Pedro de la Sota era maestro mayor de las obras reales de bronce, y trabajó conjuntamente para el Alcázar y el panteón de El Escorial.

En 1633 se inaugura el palacio del Buen Retiro, donde el teatro tiene un papel destacado, además de otros lugares de representación, como el Salón Dorado del Alcázar o el palacio de la Zarzuela. En todos ellos intervendría Pedro de la Sota como broncista y dorador.

Por cedula real de 28 de diciembre de 1634, “se le pague su obra a Pedro de la Sota, por cuya mano habia corrido todo genero de heramientas y demas cosas de cobre y de hierro que se han hecho para los oficios de Palacio del Buen Retiro de mi Casa”, y que se le liquide los sesenta quintales de cobre que se le habian entregado con aquel objeto.

En marzo se pagan 2.475 rs. a Pedro de la Sota por el coste de “la campana del Reloj de Buen Retiro

En 30 de diciembre se anota el pago de una campana a Pedro de la Sota, para la ermita de San Bruno, en el Buen Retiro, construida en 1637 frente al actual estanque.

En la torre de la capilla de la Casa Real de la Zarzuela hacia 1640 estaba un reloj con cuatro esferas cuyos cuadrantres pintó Simón López , y la campana que fundió Pedro de la Sota.

Pedro de la Sota intervino en los últimos toques a los bronces del panteón de El Escorial, apareciendo pagos en 1641 y 1642 por fundir “las aguilas de bronce para los espejos”, y en 1646 por “unas aguilas de bronce que va haziendo para el adorno de los espejos de la galeria de su magestad”. En este mismo año hace el “remate de los balaustres de la escalera”.

En el panteón, en 1643, “A Pedro de la Sota, maestro fundidor y campanero, dorar bronces de la media naranja y urnas”.

En 1646 aparecen en la fachada del Alcázar dos nuevas ventanas sobre el cerramiento del jardin. Pedro de la Sota hace los balaustres de hierro y las cuatro bolas de bronce “para los balcones que dan luz a la escalera nueva”.

En la Catedral de Toledo, la campana que se llama San Juan, fue hecha por Pedro de la Sota en 1667. En la parte interior hay una imagen de San Juan Bautista, a cuyo pie se encuentra la marca de fábrica: "Pº DE LA SOTA / ME FECI(T) I65Z".

Tambien la campana llamada de San Eugenio, fundida por primera vez en 1569, la segunda lo fue por Pedro de la Sota en 1637, y la tercera por Alejandro Gargollo en 1753, aumentando cada vez de volumen. Llamada “La Campana Gorda”, la mayor del reino, como tambien se la conocía.


José Ratés, tallista y retablista

José Simón de Churriguera, de origen catalán, se había establecido en Madrid hacia 1664, donde nacieron sus siete hijos, dedicándose también a la arquitectura y escultura tres de ellos, José Benito, Joaquín y Alberto. José Benito de Churriguera, nacido en Madrid el 21 de marzo de 1665, principal arquitecto, retablista y escultor de la familia y afamado artista de la época. Se formó en el taller de su padre, José Simón de Churriguera.

José Ratés Dalmau, el fundador de la dinastía Churriguera, segundo marido de la viuda de José Churriguera, tallista y retablista, se estableció en Madrid antes de 1674 y adoptó a los hijos de Churriguera, asegurándose para Madrid el triunfo del barroquismo. Murió el 15 de diciembre de 1684 y Jose Benito, uno de los hijos de Churriguera, se convierte en el cabeza de familia.

Incorporado a la escuela madrileña, Ratés irradia hacia el Paular, donde instaló su taller, y Segovia.

En 1674 ganó en concurso la ejecución del retablo que había diseñado Francisco de Herrera “el Mozo” para el Hospital de Montserrat de la Corona de Aragón en Madrid, donde trabajó junto con su hijo adoptado, José Churriguera “el Viejo”. El retablo fue destruido en 1903, y depositado, al parecer, en el palacio de Oriente, de donde, según noticias de 1977, había desaparecido.

En la iglesia de Torrejón de Ardoz, reformada a partir de 1602, y para la decoración de la capilla mayor, se encarga en 1675 un retablo a José de Churriguera y José Rates, “maestros de talla y escultura, vecinos de Madrid”, que será dorado por el maestro José Villanueva, que tenía en el centro un transparente para iluminar la custodia y también un gran cuadro por el que se pagó 10.000 reales a Claudio Coello con el tema “Martirio de San Juan Evangelista ante Porta Latinam”.

Y usando de dicha licencia, que tiene ajustado con el dicho Claudio Coello, que ha de hacer para el retablo que se está haciendo para la capilla mayor de Ia dicha Iglesia de Torrejón por José Ratés, maestro de escultura, vecino de esta ..”

Por su testamento, sabemos que José Rates trabajó poco antes de su muerte en un retablo en la parroquia de Ajalvir.

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Terminando el Siglo de Oro, y según la visita pastoral en 1679 de Sebastián Manrique y Luna a esta parroquia, la iglesia se encontraba en buenas condiciones:

… el edificio de la yglesia es de tres naves con capilla mayor mui buena, esta deçente el retablo del altar maior el plano gradas peanas estan yguales y todo esta con mucha decencia y la yglesia no solada la sacristia es capaz y tanvien los cajones”.

Pero en la visita que realizó en 1681, ordenó que la iglesia fuese reparada tanto en su estructura como en sus tejados, “asta la cantidad de 200 ducados” (1), para evitar tener que solicitar licencia al Arzobispo , lo que fue realizado en los años siguientes.

(1) La normativa de 1620 impuesta por el Cardenal-Infante Don Fernando limitaba a esta cantidad las obras que podía autorizar el visitador.

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